Orando con el Evangelio

+ Fr. Santiago Agrelo 
Arzobispo de Tánger

EVANGELIO: Juan 14,1-12
En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos:
-No perdáis la calma, creed en Dios y creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas estancias, si no os lo habría dicho, y me voy a prepararos sitio. Cuando vaya y os prepare sitio volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo estéis también vosotros. Y adonde yo voy, ya sabéis el camino.
Tomás le dice:
-Señor, no sabemos adónde vas. ¿Cómo podemos saber el camino?
Jesús le responde:
-Yo soy el camino y la verdad y la vida. Nadie va al Padre sino por mí. Si me conocierais a mí, conoceríais también a mi Padre. Ahora ya lo conocéis y lo habéis visto.
Felipe le dice:
-Señor, muéstranos al Padre y nos basta.
Jesús le replica:
-Hace tanto que estoy con vosotros, ¿y no me conoces, Felipe? Quien me ha visto a mí ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: «Muéstranos al Padre»? ¿No crees que yo estoy en el Padre y el Padre en mí? Lo que yo os digo no lo hablo por cuenta propia. El Padre, que permanece en mí, él mismo hace las obras. Creedme: yo estoy en el Padre y el Padre en mí. Si no, creed a las obras. Os lo aseguro: el que cree en mí, también él hará las obras que yo hago, y aun mayores. Porque yo me voy al. Padre.

“Confía y ten calma”.

“Que no tiemble vuestro corazón”: Nos lo dice el buen pastor que ha dado su vida por las ovejas y ha resucitado.

“Creed en Dios y creed también en mí”. Confiad, no tengáis miedo, aunque en la barca, como en la cruz, Dios os parezca ausente y a mí me veáis dormido.

Las palabras del Señor van derechas al corazón de los discípulos, que, creyendo, se hacen depositarios de la esperanza del mundo.

Así las grabó en el suyo Teresa Benedicta de la Cruz: “Confía y ten calma”. Así resonaron en su carmelo, en su prisión, sobre el altar de su holocausto, en cada rincón de su alma: “Confía y ten calma”.

Las palabras de Jesús bajan como un vuelo de paz sobre la vida de los pobres: “Que no tiemble vuestro corazón. Creed en Dios y creed también en mí”. Son su secreto, el de Jesús y el de los pobres, el del pastor y el de sus ovejas, el de las víctimas de todo tiempo y lugar: “Confía y ten calma”.

Las palabras de Jesús son la verdad, que llena de vida el camino de los pequeños.

Hoy, Iglesia de Cristo, harás comunión con tu Señor: harás comunión con su fuerza, con su firmeza, con su esperanza, con su confianza, con su amor de Hijo; y aprenderás a entrar con él en su hora, en su noche, en su éxodo, en su Pascua. “Confía y ten calma”, pues estás en el camino que lleva al Padre, te ilumina la verdad que viene del Padre, y has recibido la vida que sólo Dios puede dar, pues es la vida en Dios.

“Me sé sostenida… en brazos de mi Padre…
Si yo no me suelto, él nunca me suelta: Él es mi sostén…
Abrazo de luz, reposo de amor, calma que me inunda el corazón.
Alma confortada, niña arrebujada en brazos de mi Dios” (Teresa Benedicta de la Cruz).

Ésta es canción de holocausto presentido, de habitación de hospital, de bloque penitenciario, de familia desahuciada, de emigrante bloqueado por vallas y cuchillas, de refugiado acosado por la brutalidad criminal de la violencia, del hambre y de la legalidad vigente.

Ésa, que es canción para pobres, esperanza cierta para hijos de Dios condenados a muerte, es también canción que Dios les susurra mientras los abraza y los cubre de besos: “Me sé sostenida… en brazos de mi Padre… niña arrebujada en brazos de mi Dios”.

Feliz domingo.