Corso monache 26 giugnoOrando con el Evangelio

P. Bruno Moriconi, o.c.d.

EVANGELIO: Lucas 12,32-48

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
[No temas, pequeño rebaño: porque vuestro Padre ha tenido a bien daros el reino.
Vended vuestros bienes, y dad limosna; haceos talegas que no se echen a perder, y un tesoro inagotable en el cielo, adonde no se acercan los ladrones ni roe la polilla. Porque dónde está vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón.]
Tened ceñida la cintura y encendidas las lámparas: Vosotros estad como los que aguardan a que su señor vuelva de la boda, para abrirle, apenas venga y llame.
Dichosos los criados a quienes el Señor, al llegar, los encuentre en vela: os aseguro que se ceñirá, los hará sentar a la mesa y los irá sirviendo.
Y si llega entrada la noche o de madrugada, y los encuentra así, dichosos ellos.
Comprended que si supiera el dueño de casa a qué hora viene el ladrón, no le dejaría abrir un boquete.
Lo mismo vosotros, estad preparados, porque a la hora que menos penséis, viene el Hijo del Hombre.
[Pedro le preguntó:
-Señor, ¿has dicho esa parábola por nosotros o por todos? El Señor le respondió:
-¿Quién es el administrador fiel y solícito a quien el amo ha puesto al frente de su servidumbre para que les reparta la ración a sus horas?
Dichoso el criado a quien su amo al llegar lo encuentre portándose así. Os aseguro que lo pondrá al frente de todos sus bienes.
Pero si el empleado piensa: «Mi amo tarda en llegar», y empieza a pegarles a los mozos y a las muchachas, a comer y beber y emborracharse; llegará el amo de ese criado el día y a la hora que menos lo espera y lo despedirá, condenándolo a la pena de los que no son fieles.
El criado que sabe lo que su amo quiere y no está dispuesto a ponerlo por obra, recibirá muchos azotes; el que no lo sabe, pero hace algo digno de castigo, recibirá pocos.
Al que mucho se le dio, mucho se le exigirá; al que mucho se le confió, más se le exigirá.]

«Donde está vuestro tesoro,
allí estará también vuestro corazón»
(Lc 12,32-48)

Bruno Moriconi, ocd

No temas, pequeño rebaño, que vuestro Padre ha decidido daros el reino”, nos sigue diciendo Jesús a nosotros que escuchamos la lectura del Evangelio de este domingo. “Vended”, añade, “vuestros bienes y dad limosna. Procuraos bolsas que no envejezcan, un tesoro inagotable en el cielo, donde los ladrones no llegan ni los roe la polilla”. Un consejo que justifica con estas palabras: “Pues donde está vuestro tesoro, allí también estará vuestro corazón”.

A primera vista nos parecen palabras poco lógicas y nos esperaríamos que dijera sencillamente: "No pongáis vuestro corazón en las riquezas de este mundo, porque vuestro tesoro está más allá". Parecería más lógico y más directo, pero Jesús nos quiere hacer reflexionar y preguntarnos: "¿Dónde pongo yo mi corazón? ¿Cuál es mi verdadero tesoro?". Porque si mi tesoro está todo en las cosas, incluso útiles y necesarias, estoy destinado, algún día, a quedar vacío.

El cristiano es alguien que lleva dentro de sí un deseo grande y profundo: el de encontrarse con su Señor, no solo en la otra vida, sino aquí donde vivimos. Todos tenemos deseos, pero aquello que nunca dejará vacío nuestro corazón es el encuentro con Jesús, nuestra vida como hijos de Dios.

¿Cuál es para ti la realidad más importante, más valiosa?”, empujaba a preguntarse el Papa Francisco al Ángelus del 11 de agosto 2013? “¿Cuál es la realidad que atrae tu corazón como un imán? ¿Qué es lo que atrae tu corazón? ¿Puedes decir que es el amor de Dios? ¿Están las ganas de hacer el bien a los demás, de vivir para el Señor y para nuestros hermanos? ¿Puedes decir esto?”. “Cada uno” añadía, “responda en su corazón”.

Están el trabajo, los hijos, la familia, todas las cosas importantes de la vida, pero en todo eso tiene que estar el amor que, como diría Dante, mueve hasta el cielo y las estrellas. Sólo si el corazón está lleno de este amor, todos los otros amores siguen creciendo y fortaleciéndose. “Donde está vuestro tesoro, allí también estará vuestro corazón” es, entonces, como una brújula. Hace falta estar atentos sobre qué Norte se posiciona la aguja. ¿Sobre las cosas o sobre el amor que las ilumina y las fortifica? Muy a menudo, nuestro error es no lograr posicionar el corazón (la aguja de la brújula) al Norte, donde está el verdadero tesoro.