Corso monache 26 giugnoOrando con el Evangelio

P. Bruno Moriconi, o.c.d.

Bruno Moriconi, ocd

EVANGELIO: Lucas 14,25-33
En aquel tiempo, mucha gente acompañaba a Jesús; él se volvió y les dijo:
-Si alguno se viene conmigo y no pospone a su padre y a su madre, y a su mujer y a sus hijos, y a sus hermanos y a sus hermanas, e incluso a sí mismo, no puede ser discípulo mío.
Quien no lleve su cruz detrás de mí, no puede ser discípulo mío.
Así, ¿quién de vosotros, si quiere construir una torre, no se sienta primero a calcular los gastos, a ver si tiene para terminarla?
No sea que si echa los cimientos y no puede acabarla, se pongan a burlarse de él los que miran, diciendo: «Este hombre empezó a construir y no ha sido capaz de acabar.»
¿O qué rey, si va a dar la batalla a otro rey, no se sienta primero a deliberar si con diez mil hombres podrá salir al paso del que le ataca con veinte mil?
Y si no, cuando el otro está todavía lejos, envía legados para pedir condiciones de paz.
Lo mismo vosotros: el que no renuncia a todos sus bienes, no puede ser discípulo mío.

Otras palabras duras de Jesús que, sin embargo, para entenderlas bien, hace falta notar una vez más cuando y por qué las dice. Jesús, en efecto, todavía está caminando de manera decidida hacia Jerusalén y mucha gente lo sigue sin saber bien adónde va realmente Él. Muchos esperan en algún milagro, otros esperan que sea de veras el Mesías y de llegar a ser, pues, entre los primeros a seguirlo en sus victorias y, a lo mejor, obtener algún buen sitio entre sus dignitarios. Si no justo los primeros dos, como pretendían los dos hijos de Zebedeo Santiago y Juan, al menos algo decoroso. Jesús, en cambio, está yendo a Jerusalén donde será apresado, condenado y crucificado.

En perfecta unión con el Padre, ha decidido ir allí, porque quiere dar la vida por todos, aunque eso le costará sufrimientos y lágrimas que, ya desde ahora, tienen su alma en la tristeza que culminará en Getsemaní y sobre la cruz. Desde allá arriba pedirá perdón por todos porque no saben lo que hacen, pero ahora que todavía está en camino, volviéndose atrás y viendo toda esta gente buena, pero ingenua que lo sigue, quiere que se sepa, quiere decirles, aunque no lo puedan ni quieran entender, lo que significa ir detrás de Él. “Si alguien viene a mí y no me ama más que a su padre y su madre, a su mujer y sus hijos, a sus hermanos y hermanas, y hasta su propia vida, no puede ser mi discípulo” (v. 26).

Desde el punto de vista de la espontaneidad y los deberes, el padre y la madre, los hermanos y las hermanas siempre están en el primer sitio entre los deberes humanos y cristianos. “Si uno no cuida de los suyos, especialmente de los que viven en su casa”, se lee de echo en la primera carta a Timoteo, “ha renegado de la fe y es peor que un incrédulo” (5,8). Jesús quiere decir, sin embargo, que ir detrás de Él quiere decir volver a ver todo desde el punto de vista de la voluntad de Dios Padre que Él está cumpliendo camino de Jerusalén.

Seguirlo, quiere decir Jesús, seguir amando todos y haciendo todas las cosas que tenemos que hacer, pero siempre y ante todo la voluntad de Dios que, luego, coincide también con nuestro verdadero bien. Una actitud, resumida por la imagen de la Cruz que incluye todo lo que la vida nos exige y llevarlo como Jesús ha llevado a cabo su misión. Por eso, dice: “Quien no carga con su cruz y me sigue no puede ser mi discípulo” (v. 27).

Los dos ejemplos que siguen sobre la necesidad de no echarse a construir una torre si no se tiene el dinero suficiente, y sobre la necedad de un rey que quisiera dar batalla a otro que tiene muchos más soldados de él, le sirven a Jesús para decir que hace falta pensar bien las cosas antes de meterse en marcha. Sobre todo, hace falta saber qué quiere decir ir detrás de Él y desear sitios de honor en su reino.

Juan y Santiago dijeron haber entendido que tenían que beber también ellos la copa del martirio, pero no era verdad. Lo entendieron solo sucesivamente, cuando el Espíritu los condujo a entender quién fue de veras Jesús y lo que había hecho por ellos y por todos. Entonces, también ellos fueron capaces de dar la vida y, esta vez de verdad, "detrás de Jesús".

Jesús no dice esto porque todos tengan que desear el martirio, sino porque quien quiera ser cristiano tiene que saber que esto significa seguir a Jesús llevando su propia cruz, su propia vida, con la misma dignidad y conocimiento de que, para ser discípulos de Jesús, hay que renunciar a los bienes como Él. Porque quien quiera salvar la vida, la pierde y, en cambio, quien la dona la salva.