Corso monache 26 giugnoOrando con el Evangelio

P. Bruno Moriconi, o.c.d.

Bruno Moriconi, ocd

EVANGELIO: Lucas 16,1-13
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
[Un hombre rico tenía un administrador y le llegó la denuncia de que derrochaba sus bienes.
Entonces lo llamó y le dijo:
-¿Qué es eso que me cuentan de ti? Entrégame el balance de tu gestión, porque quedas despedido.
El administrador se puso a echar sus cálculos:
-¿Qué voy a hacer ahora que mi amo me quita el empleo? Para cavar no tengo fuerzas; mendigar, me da vergüenza. Ya sé lo que voy a hacer para que, cuando me echen de la administración, encuentre quien me reciba en su casa.
Fue llamando uno a uno a los deudores de su amo, y dijo al primero:
-¿Cuánto debes a mi amo?
Este respondió:
-Cien barriles de aceite.
El le dijo:
-Aquí está tu recibo: aprisa, siéntate y escribe «cincuenta».
Luego dijo a otro:
-Y tú, ¿cuánto debes?
El contestó:
-Cien fanegas de trigo.
Le dijo:
-Aquí está tu recibo: escribe «ochenta».
Y el amo felicitó al administrador injusto, por la astucia con que había procedido. Ciertamente, los hijos de este mundo son más astutos con su gente que los hijos de la luz.
Y yo os digo: Ganaos amigos con el dinero injusto, para que, cuando os falte, os reciban en las moradas eternas.]
El que es de fiar en lo menudo, también en lo importante es de fiar; el que no es honrado en lo menudo, tampoco en lo importante es honrado.
Si no fuisteis de fiar en el vil dinero, ¿quién os confiará lo que vale de veras? Si no fuisteis de fiar en lo ajeno, ¿lo vuestro quién os lo dará?
Ningún siervo puede servir a dos amos: porque o bien aborrecerá a uno y amará al otro, o bien se dedicará al primero y no hará caso del segundo. No podéis servir a Dios y al dinero.

La parábola del administrador listo y despilfarrador infiel puede dejarnos un poco sorprendidos. ¿Cómo puede, en efecto, Jesús, proponer a un lioso como ejemplo de comportamiento para los discípulos? Pero si nos paramos a pensarlo bien, se comprende que Jesús no está proponiendo la deshonestidad, sino el saber pensar cómo arreglar la vida según los valores elegidos como creyentes. El administrador infiel solo piensa en cómo conquistar unos amigos que puedan recompensarlo cuando su dueño lo despida. Esto es lo que le importa al haber sido descubierto hombre infiel. Lo único en lo que piensa es acreditarse a alguien que sepa ayudarlo.

Por su parte, el cristiano debería saber qué es lo que le asegura ser de veras discípulo de Cristo. "Sé listo por el reino de Dios", me decía un santo padre carmelita que me ha ayudado en mi juventud. Sí, porque ser simples como niños o como palomas, no excluye la necesidad de tener también la prudencia de la serpiente. El mismo Jesús lo ha enseñado. “Mirad”, dijo un día, “yo os envío como ovejas en medio de lobos: sed cautos como serpientes y cándidos como palomas” (Mt 10,16).

De todas formas, para el discípulo, la solución está en lo que sigue la parábola, donde se dice cómo usar las riquezas, no sólo para el propio provecho, sino para ayudar a los demás: “Y yo os digo que con el dinero sucio os ganéis amigos, de modo que, cuando se acabe, os reciban en la morada eterna” (v, 9). Y también en lo que Jesús añade sobre la necesidad de ser fieles en las cosas de cada día, porque es allí donde demuestra uno la capacidad, eventualmente, de hacer cosas grandes. “El que es de fiar en lo poco”, continua de hecho, Jesús, “es de fiar en lo mucho; el que es deshonesto en lo poco, es deshonesto en lo mucho. Pues si con el dinero sucio no habéis sido de fiar, ¿quién os confiará el legítimo?” (vv. 10-11).

En los próximos días la mayor parte de nosotros no será llamado a dar un nombre a una plaza de su ciudad, a salvar un barco de inmigrantes o a recibir al ministro de los extranjeros de una nación amiga. En la semana que estamos empezando con la eucaristía del domingo, tendremos sobre todo los mismos empeños de familia y trabajo y lo que el Señor nos pide es que nos portemos sabiamente según el Evangelio y el ejemplo del mismo Jesús que comía y bebía como los demás, pero estaba siempre a disposición de todos por doquier.

Y he aquí, la estocada final con la que Jesús nos da el criterio para elegir en estos, tal vez pequeños, pero importantes empeños cotidianos en familia y fuera: “Ningún criado puede estar al servicio de dos señores: pues odiará a uno y amará al otro o apreciará a uno y despreciará al otro. No podéis estar al servicio de Dios y del dinero” (v. 13). Uno de los dos dueños que pueden poseernos es el Amor (Dios que nos quiere desde siempre y para siempre), el otro es el interés y el egoísmo, representados por el dinero.

Compromiso no puede haber. En este mundo el dinero es importante, pero no tiene que convertirse en un señor. Ser esclavos quiere decir pertenecer a alguien y no más a nosotros. Jesús quiere hacernos entender que sólo la pertenencia al amor nos hace realmente libres y cada vez más ligeros.