Corso monache 26 giugnoOrando con el Evangelio

P. Bruno Moriconi, o.c.d.

EVANGELIO: Mt 4,12-23

Al saber que Juan había sido arrestado, Jesús se retiró a Galilea, salió de Nazaret y se estableció en Cafarnaúm, junto al lago, en territorio de Zabulón y Neftalí. Así se cumplió lo anunciado por el profeta Isaías: Territorio de Zabulón y territorio de Neftalí, camino del mar, al otro lado del Jordán, Galilea de los paganos. El pueblo que habitaba en tinieblas vio una luz intensa, a los que habitaban en sombras de muerte les amaneció la luz. Desde entonces comenzó Jesús a proclamar:
–¡Arrepiéntanse que está cerca el reino de los cielos!
Mientras caminaba junto al lago de Galilea, vio a dos hermanos –Simón, llamado Pedro, y Andrés, su hermano– que estaban echando una red al lago, pues eran pescadores. Les dice:
–Vengan conmigo y los haré pescadores de hombres.
De inmediato dejaron las redes y le siguieron. Un trecho más adelante vio a otros dos hermanos –Santiago de Zebedeo y Juan, su hermano–en la barca con su padre Zebedeo, arreglando las redes. Los llamó, y ellos inmediatamente, dejando la barca y a su padre, le siguieron. Jesús recorría toda Galilea enseñando en las sinagogas, proclamando la Buena Noticia del reino y sanando entre el pueblo toda clase de enfermedades y dolencias.

Son cuatro, los aspectos que merecen atención en este párrafo del evangelio de Mateo: el establecerse de Jesús en Cafarnaúm, el anuncio de la cercanía del reino de los cielos, la llamada a los primeros discípulos y la doble actividad de enseñar y curar.

Mateo escribe sobre todo para cristianos de origen judío que conocen las Profecías mesiánicas y, por eso, cada detalle, aunque no del todo correspondiente lo aprovecha para decir que todo va ocurriendo como era previsto por los profetas. De hecho, Cafarnaúm no se encuentra en la tribu de Zabulón, y solo en pequeña parte en la de Neftalí. El mar de que habla Isaías es el Mediterráneo y no el lago de Galilea, pero no importa, como ese lago se le llama también mar (Mar de Galilea) Mateo no pierde tampoco esta ocasión.

Lo que importa, al fin y al cabo, es que, con Jesús, comenzando a partir de ahí, entra de verdad la luz en el mundo, como había dicho el profeta: El pueblo que habitaba en tinieblas vio una luz intensa, a los que habitaban en sombras de muerte les amaneció la luz.
¿Y cómo va a entrar esa luz? A través de Jesús, la primera piedra del reino de Dios. Desde entonces”, escribe el evangelista, “comenzó Jesús a proclamar: ¡Arrepiéntanse que está cerca el reino de los cielos! De momento, nadie puede entender lo que es ese reino, pero está cerca, porque Él (el Hijo de Dios) se ha acercado a la humanidad. Cuando posean el Espíritu también los discípulos formarán parte, con Él, del mismo reino y pedirán, en el Padre nuestro, “venga a nosotros tu reino”.

De hecho, sin perder tiempo, Mateo añade que, mientras caminaba junto al lago de Galilea, Jesús vio a dos hermanos (Simón y Andrés) y, un poco más adelante, a otros dos hermanos (Santiago y Juan), los cuatro pescadores. Los llamó y ellos le siguieron. Muy importante la inmediatez con que los cuatro dejan trabajo y familia para seguirle, pero todavía más significativo, es el hecho de que, a diferencia de los otros maestros, todos elegidos por los discípulos, sea Jesús el que decide escoger y llamar a los suyos. A nosotros nos toca reconocer su voz poderosa y bondadosa al mismo tiempo.

Elige a los que serán sus doce apóstoles, pero piensa en todos. Es lo que resulta en las palabras que Mateo añade de inmediato: Jesús recorría toda Galilea enseñando en las sinagogas, proclamando la Buena Noticia del reino y sanando entre el pueblo toda clase de enfermedades y dolencias. Casi la quinta parte de los evangelios sinópticos se refieren a curaciones de enfermos y socorro a los pobres de parte de Jesús. Y eso sin contar lo que nos dejan entender los muchos “sumarios”, donde se dice que Jesús “aquel día curó a muchos”. Una enseñanza preciosa para nosotros, sus discípulos, porque, detrás de Él, no puede haber verdadero anuncio del Evangelio sin la ternura y la preocupación por las necesidades de los demás.