Corso monache 26 giugnoOrando con el Evangelio

P. Bruno Moriconi, o.c.d.

EVANGELIO: Mt 2,1,12

Habiendo nacido Jesús en Belén de Judea en tiempos del rey Herodes, unos magos de Oriente se presentaron en Jerusalén 2preguntando: «¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Porque hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo». 3Al enterarse el rey Herodes, se sobresaltó y toda Jerusalén con él; 4convocó a los sumos sacerdotes y a los escribas del país, y les preguntó dónde tenía que nacer el Mesías. 5Ellos le contestaron: «En Belén de Judea, porque así lo ha escrito el profeta: 6“Y tú, Belén, tierra de Judá, no eres ni mucho menos la última de las poblaciones de Judá, pues de ti saldrá un jefe que pastoreará a mi pueblo Israel”». 7Entonces Herodes llamó en secreto a los magos para que le precisaran el tiempo en que había aparecido la estrella, 8y los mandó a Belén, diciéndoles: «Id y averiguad cuidadosamente qué hay del niño y, cuando lo encontréis, avisadme, para ir yo también a adorarlo». 9Ellos, después de oír al rey, se pusieron en camino y, de pronto, la estrella que habían visto salir comenzó a guiarlos hasta que vino a pararse encima de donde estaba el niño. 10Al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría. 11Entraron en la casa, vieron al niño con María, su madre, y cayendo de rodillas lo adoraron; después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra. 12Y habiendo recibido en sueños un oráculo, para que no volvieran a Herodes, se retiraron a su tierra por otro camino.

El término epifanía deriva del verbo griego epifainô (hacerse manifiesto), e indica un momento revelador, una manifestación que experimenta una persona o un grupo de personas. En el ámbito de nuestra fe cristiana, el término se refiere al día de la venida de los magos de oriente para homenajear al Niño Jesús, reconocido misteriosamente, también por ellos, como el esperado salvador divino.

La fiesta se celebra doce días después de Navidad, mientras en las Iglesias ortodoxas rusa y serbia, que siguen todavía el calendario juliano promulgado por Julio Cesar en el 46 a.C., y celebran la Navidad el 6 y el 7 de enero recordando la visita de los magos, la Epifanía se celebra el 19 de enero con el Bautismo de Jesús.

Mientras en la Navidad se celebra el hecho del nacimiento del Hijo de Dios como hijo de María en Belén de Judá, en el día de la Epifanía se celebra la manifestación y el reconocimiento de ese evento de salvación por la humanidad entera, representada por los tres sabios de Oriente de los cuales nos habla el Evangelio de hoy presentándolos con estas palabras: Habiendo nacido Jesús en Belén de Judea en tiempos del rey Herodes, unos magos de Oriente se presentaron en Jerusalén”.

El nacimiento de Jesús en la localidad de Belén es importante porque se trata del mismo pueblo donde había nacido David, del cual Jesús es el descendiente más ilustre como Mesías. Los magos han sido interpretados como Reyes bajo el influjo de la profecía de Is 60,3 (“Caminarán los pueblos a tu luz, los reyes al resplandor de tu aurora”) y se les llamó Melchor, Gaspar y Baltasar, solo a partir del medioevo. Sus dones, ofrecidos al “rey de los judíos”, homenajean a su realeza (el oro), a su divinidad (el incienso) y a su pasión futura (la mirra, una sustancia resinosa aromática con propiedades medicinales y utilizada también para el embalsamamiento de los difuntos). Una anticipación de la fe en la encarnación del Hijo de Dios que el Espíritu Santo revelará en toda su claridad y providencia.

Sean quien sean (magos o reyes), esos sabios que llegan de Oriente representan a los seres humanos dispuestos a ponerse en camino para encontrar el sentido profundo de la existencia, más allá de las cosas y preocupaciones cotidianas. Ese sentido se va revelando mientras la marcha continúa y se sigue buscando. Si no es en Jerusalén, será en Belén, pero la verdad está esperando. También para nosotros creyentes, lo importante es seguir buscando a aquel Señor que quiso hacerse nuestro hermano, porque nuestro sentido está en Él.

Después de haber homenajeado al Niño Jesús y ofrecido sus dones, “habiendo recibido en sueños un oráculo, para que no volvieran a Herodes”, nos informa el evangelista, “se retiraron a su tierra por otro camino”. Una expresión esta última (se retiraron a su tierra por otro camino) que se refiere a la prudencia del caso. Volver a Jerusalén donde los esperaba Herodes, hubiera sido peligroso, y fue por eso por lo que tomaron otra dirección, pero ese otro camino, significa también un camino nuevo, iluminado, ya no solo por las estrellas, sino por la misma Luz venida a nuestra tierra.

Bruno Moriconi, ocd