Corso monache 26 giugnoOrando con el Evangelio

P. Bruno Moriconi, o.c.d.

EVANGELIO: Juan 20,19-31

Al anochecer de aquel día, el día primero de la semana, estaban los discípulos en una casa con las puertas cerradas, por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo:
-Paz a vosotros.
Y diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió:
-Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo.
Y dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo:
-Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.
Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían:
-Hemos visto al Señor.
Pero él les contestó:
-Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo.
A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo:
-Paz a vosotros.
Luego dijo a Tomás:
-Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente.
Contestó Tomás:
-¡Señor mío y Dios mío!
Jesús le dijo:
-¿Porque me has visto has creído? Dichosos los que crean sin haber visto.
Muchos otros signos, que no están escritos en este libro, hizo Jesús a la vista de los discípulos. Estos se han escrito para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su Nombre.

Perdido estaba el hombre. Está.
Entre quedarse con el amor, la toalla o el beso
elige mirar hacia los bosques donde la espesura
no deja ver más que un ramo de oscuros,
los búhos encienden de amarillo sus ojos y
apenas si se escucha una persecución de pájaro
levantando a las hembras los grises de sus alas.

Mirando hoy a Jesucristo, encaramado al pollino, entre triunfos y palmas, alfombras y alegrías, me pregunto con Aleixandre si son puñales o rosas. O a la vez unos y otras.

Los cristianos entendemos, sin embargo, que mereció la pena esta manera de entrar en el sacrificio, anticipándose a una gloria que, después de la Cruz, ya será definitiva.

...La vida también nos trae aplausos y desaires, amores y desventuras. También nosotros entramos en Jerusalén algún que otro domingo entre gozos, hasta que llega el viernes santo y se nos vuelca en el alma todo el dolor de la feliz memoria.

Jesucristo y su amor en la Cruz nos trajeron para siempre la salvación. El pollino tuvo que asombrarse ante tantos olivos alfombrados, ante los gritos de amor que hasta puede que fueran verdaderos. Pero Él conoce la condición del hombre, por eso vino a rescatarlo.

Entonces y ahora, por inalcanzable, estoy seguro que seguirá pensando:

-Yo soy quien soy. Pero no soy de nadie.

Pasión de Nuestro Señor Jesucristo según San Lucas 22,14-23,56

C. [Llegada la hora, se sentó Jesús con sus discípulos, y les dijo:
+ -He deseado enormemente comer esta comida pascual con vosotros antes de padecer, porque os digo que ya no la volveré a comer hasta que se cumpla en el Reino de Dios.
C. Y tomando una copa, dio gracias y dijo:
+ -Tomad esto, repartidlo entre vosotros; porque os digo que no beberé desde ahora del fruto de la vid hasta que venga el Reino de Dios.