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Hoy quiero compartir con todos, mi forma de orar, porque las flores también oramos.

Cuando “El Sol que nace de lo alto” sale por el oriente, los pequeños sépalos que me envuelve, se desperezan y mis pétalos adquieren libertad de movimiento. Entonces me empapo de luz, de alegría, de libertad; los colores de mis hojas se revitalizan y toda yo me siento feliz, irradiando a mi alrededor una reconfortante sombra que mitiga los rayos de la canícula.

Cuando cae la tarde y el Sol se prepara para ocultarse en el ocaso, siento una necesidad imperiosa de entrar dentro de mí, de meterme en mi interior para saborear todo lo que mi Sol me ha proporcionado durante la jornada. Al día siguiente, todo se repite, pero la belleza que recibo de Él, es cada día distinta.