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“Dos ciegos se le acercaron a Jesús gritando: “ten compasión con nosotros, hijo de David” … y Jesús les dijo: ¿”creéis que puedo hacerlo”? Contestaron: “Sí, Señor”. Entonces les tocó los ojos diciendo: “Que os suceda conforme a vuestra fe”

La fe es un don de Dios, pero la fe hay que alimentarla “mirando siempre al Cielo”, como la espadaña de nuestro convento, que ahí permanece erecta, apuntando hacia arriba y culminando con la Cruz. Detrás de ella se esconde, el Sol que le concede Luz a nuestros ojos todos los días, para que no decaiga nuestro ánimo cuando no vemos y para aumentar nuestra alegría cuando vemos.

La vida se nos presenta fácil en este tiempo de Esperanza. Lo miramos a Él y confiamos en su poder sin dejar de mirar al Cielo.