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Me doy cuenta de que la posibilidad de tener variedad de objetivos para poderlos enfocar con mi cámara es mínima, pero, aunque el espacio es reducido, siempre me sorprende la novedad de lo que me permites observar, pues todos los días Tú lo haces distintos. Por eso me me desanimo y, abusando de vuestra paciencia, mando lo que me sale.

La penumbra, la luminosidad del ocaso, tu actuar diario… Cada día veo la sobrecogedora belleza que emana de ti, el embrujo de tu obra.

Es imposible, después de contemplar esta impresionante imagen, no rezar en tu honor: “Te daré gracias ante los pueblos Señor, tocaré para ti ante las naciones, por tu bondad, que es más grande que los cielos, por tu fidelidad que alcanza a las nubes.” Salmo 56

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A los hombres le ha dado por levantar muros, pero no muros franqueables ni muros vestidos de verde que adornan y dan al ambiente un aspecto armónico y esperanzador, como el que vemos en la foto, sino muros excluyentes con pinchos, con cuchillas, dobles muros amenazadores, que endurecen el corazón del que lo construye y derrumba la vida del que le corta el paso a la libertad, a la que todo hombre tiene derecho. Es incomprensible este proceder, pero los muros se multiplican, se reproducen y, hasta incomprensiblemente, se les aplaude por una buena parte de la población mundial.

¿Tan ciegos estamos como para no ponernos en el lugar de los que huyen de la muerte, del hambre, del enemigo que prácticamente le obliga a abandonar su tierra, su familia, sus raíces? ¿Tan insensibles están nuestros sentimientos como para no solidarizarnos con el que intenta acceder a un derecho de libertad legítimo? Ante la situación de desconcierto que vivimos, no nos queda más que dirigirnos a Dios con estas palabras: “Dirige Señor tus pasos, a esta ruina sin remedio” Salmo73

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No es el clima de Andalucía el más propicio para que en él crezcan tulipanes, pero nos regalaron unos bulbos, los sembramos con la ilusión de que florecerían, los protegimos con unos ladrillos a modo de alcorque y…, después de un tiempo, los tulipanes florecieron.

Tuvimos Fe, porque sin reunir las condiciones necesarias lo intentamos, Esperanza, porque confiamos que sería posible y Amor porque lo rodeamos de cuidados y detalles. Partiendo de la base de que estas palabras están bastantes devaluadas porque ya huelen a “alcanfor” y sabiendo que han salido del uso de la mayoría de la gente con las que nos relacionamos, sería bueno que hiciéramos un análisis de cómo andan estas virtudes en nuestra vida común, ya que creo que, su ausencia, o el poco aprecio que hacemos de ellas mismas, pueden ser la causa de muchos de los traumas y desilusiones que pululan por nuestras vidas.

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“Pues si la hierba que hoy está en el campo y mañana se echa al horno, Dios así la viste, ¿qué no hará con vosotros, hombres de poca fe?” (Mt. 6,30)

No me diréis que la imagen no es sugestiva. Un tallo que, en una ilusión óptica, parece formar un ángulo recto y que termina en una florecilla amarilla, aparentemente insignificante, un conjunto de hojas verdes que tienen incluso distinta morfología, y las losetas del suelo del patio, que resaltan el contraste de los colores primordiales. Todo ello forma un conjunto decorativo difícil de superar.

Pues así es Él, cuida de los cabellos de nuestra cabeza, defiende a los humildes, acaricia a los niños, viste a los lirios del campo, proporciona alimentos a los pájaros, se acerca a los pecadores y hasta los escoge para que sean sus testigos, como celebramos hoy, en el día que escogió a Mateo, un publicano, un traidor a su patria, para que formara parte del grupo de los Apóstoles. Nuestra confianza en su misericordia, tiene un fuerte fundamento.

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Es indispensable aceptar que “vivir” significa seguir caminando y, si nos acercamos más a la realidad, seguir subiendo. No podemos olvidar lo importante que es la búsqueda, la vigilancia, la superación, el abandono, el tener claro adónde voy y qué quiero, cuál es la meta más importante de mi vida.

Hay en el Evangelio muchos pasajes que sustentan esta reflexión, pero me voy a ceñir a uno de ellos: “Mirad, estamos subiendo a Jerusalén, y todo lo que escribieron los Profetas sobre el Hijo del Hombre se va a cumplir” (Lc. 18, 31.)

La escalera, y el cuadro que la preside, nos puede ayudar a profundizar nuestra oración, desde las circunstancias concretas que estemos viviendo cada uno en este momento.