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Este conjunto de plantas nos muestra lo exuberante y bella que es la vida, teniendo en cuenta que su principal encanto es justamente la delicada composición de lo diferente. Cuando se vive en familia, en el trabajo, en la sociedad, en la comunidad o en cualquier grupo de personas, cuando sabemos acoger, aceptar e incluso amar “la diferencia”, vemos cómo todo cambia a nuestros ojos, y la vida es más serena y llevadera. Esto parece fácil, pero es la piedra de tropiezo donde todos, sin excepción, caemos.

Si somos coherentes con nosotros mismos, no tenemos más remedio que admitir que, por más belleza que haya en un detalle concreto, la repetición constante de ese detalle tan bello, nos haría entrar en la monotonía, y el detalle perdería importancia e incluso valor. Sin embargo, la diversidad tiene un precio y la mayor parte de las veces, no estamos dispuestos a pagarlo, porque es perder parte de nuestro punto de vista y contemplar el punto de vista del que es distinto a nosotros, para poder, con el diálogo, llegar a una solución intermedia. Podría ser éste, el motivo que hoy haga fluir nuestra reflexión ante el Señor.

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Contemplando esta foto observo que hay un florero transparente, unas calas y follaje verde, que tratan de estirarse para tender hacia ti, sin embargo, en el fondo del florero, hay unas caracolas que están firmes y escondidas pasando casi desapercibidas. Es importante constatar que, si en el fondo no estuvieran las caracolas, sería muy difícil que las flores, permaneciera constantemente fiel a la forma estética que le hemos querido dar.

En la vida, a veces nos toca ser flores, y entonces nos alegramos porque lucimos, pero a veces nos toca estar en el fondo, como las caracolas, para que los que tienen que lucir puedan cumplir bien su servicio, y entonces hay que alegrarse más todavía; porque “el que no sirve para servir, no sirve para amar”

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Me doy cuenta de que la posibilidad de tener variedad de objetivos para poderlos enfocar con mi cámara es mínima, pero, aunque el espacio es reducido, siempre me sorprende la novedad de lo que me permites observar, pues todos los días Tú lo haces distintos. Por eso me me desanimo y, abusando de vuestra paciencia, mando lo que me sale.

La penumbra, la luminosidad del ocaso, tu actuar diario… Cada día veo la sobrecogedora belleza que emana de ti, el embrujo de tu obra.

Es imposible, después de contemplar esta impresionante imagen, no rezar en tu honor: “Te daré gracias ante los pueblos Señor, tocaré para ti ante las naciones, por tu bondad, que es más grande que los cielos, por tu fidelidad que alcanza a las nubes.” Salmo 56

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A los hombres le ha dado por levantar muros, pero no muros franqueables ni muros vestidos de verde que adornan y dan al ambiente un aspecto armónico y esperanzador, como el que vemos en la foto, sino muros excluyentes con pinchos, con cuchillas, dobles muros amenazadores, que endurecen el corazón del que lo construye y derrumba la vida del que le corta el paso a la libertad, a la que todo hombre tiene derecho. Es incomprensible este proceder, pero los muros se multiplican, se reproducen y, hasta incomprensiblemente, se les aplaude por una buena parte de la población mundial.

¿Tan ciegos estamos como para no ponernos en el lugar de los que huyen de la muerte, del hambre, del enemigo que prácticamente le obliga a abandonar su tierra, su familia, sus raíces? ¿Tan insensibles están nuestros sentimientos como para no solidarizarnos con el que intenta acceder a un derecho de libertad legítimo? Ante la situación de desconcierto que vivimos, no nos queda más que dirigirnos a Dios con estas palabras: “Dirige Señor tus pasos, a esta ruina sin remedio” Salmo73

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No es el clima de Andalucía el más propicio para que en él crezcan tulipanes, pero nos regalaron unos bulbos, los sembramos con la ilusión de que florecerían, los protegimos con unos ladrillos a modo de alcorque y…, después de un tiempo, los tulipanes florecieron.

Tuvimos Fe, porque sin reunir las condiciones necesarias lo intentamos, Esperanza, porque confiamos que sería posible y Amor porque lo rodeamos de cuidados y detalles. Partiendo de la base de que estas palabras están bastantes devaluadas porque ya huelen a “alcanfor” y sabiendo que han salido del uso de la mayoría de la gente con las que nos relacionamos, sería bueno que hiciéramos un análisis de cómo andan estas virtudes en nuestra vida común, ya que creo que, su ausencia, o el poco aprecio que hacemos de ellas mismas, pueden ser la causa de muchos de los traumas y desilusiones que pululan por nuestras vidas.