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“¡Oh dulcísimo amor de Dios mal conocido
el que halló sus venas descansó!” (San Juan de la Cruz)

Glosa

Hermana Mercedes del Corazón de Jesús

14 de Marzo de 1.948

Es el corazón del hombre
muy semejante a un volcán,
en su seno bulle un fuego que, aunque es inmaterial,
mas es fuego que a las veces abraza en su llamear.
Y si no, que le pregunten al corazón de Teresa,
volcán de amores divinos que en su alma hicieron presa.
Y buen testigo es también el estático Doctor
que en la “Llama de amor viva”
al fin resuelto quedó.

Pero aunque a tanto no llegue todo humano corazón,
es cierto que todos tienen aquesta hermosa pasión
y que se traduce en ansia de dar y exigir amor.
Y quien no la siente en sí o ha perdido la razón,
o tal vez, los sentimientos y por tanto, el corazón.

Unos aman la hermosura, otros el arte, el honor,
otros aman el dinero, otros…
Ay! ponen su amor en el placer engañoso, funesto y depravador.
Y viven siempre con hambre, sin descanso y sin hartura,
porque no pueden saciarse ni con todas las criaturas.

Tan sólo aquel que por dicha llega a conocer a Dios
con conocimiento claro, y ve ese abismo de amor,
infinito e insondable, inmenso y fascinador,
que enloquece, que enamora, que le roba el corazón.

Este tal que profundiza con mirada perspicaz
los caminos y las vías por los que suele mostrar
todo un Dios enamorado sus amores sin igual.
Éste que ha conocido las venas del puro amor,
tan ocultas a los más, éste en fin ya descansó.

Descanso es gozo y hartura, descanso es satisfacción,
es plena felicidad, es poseer a su Dios.
Es amar y ser amado como ansía el corazón.

Ya no se siente más hambre y si se siente, mejor,
esta hambre es deleitosa porque es hambre de Dios.
Y si es gustosa el hambre ¿qué será su posesión?...
¿qué será poder nadar y engolfarse en el amor?...
¡Oh! Dios mío y vida mía, conózcate más y más,
que cuánto más te conozca, más te llegaré a amar,
y cuánto más os amare más me amaréis Vos
y en el amor que me dais y en el que os quiero dar yo,
está todo mi descanso, mi hartura y satisfacción.

Parezca mi corazón un encendido volcán
que levante llamas vivas para en ellas abrazar
a las almas que están frías porque no saben amar.
Conozca yo esas venas tan ocultas y escondidas
do circula el amor que es la vida de mi vida.
¡Oh, Tesoro no estimado! ¡Oh, mal conocido amor!
Aquél que hallare tus venas, ya por siempre descansó.